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Abejas Tapioca 2021

Las grabaciones de campo y los registro fotográficos que componen este trabajo fueron tomados en las comunidades curripacas de Coco Viejo, Vía Sabanitas, Guamal, Playa Blanca y Cerro Mavicure. También, en las costas de los ríos Inírida, Guaviare y Atabapo.
Orinocoamazonía, Colombia.

 

 

 

 

Este mapa sonoro se configura a partir de los registros de paisajes y caminatas sonoras realizadas durante la residencia artística Abejas Tapioca, residencia itinerante por los ríos de la Orinocoamazonía, organizada por Corporación Tapioca. Esta residencia se llevó a cabo en Colombia, abarcando las comunidades curripacas de Coco Viejo, Guamal, Sabanitas, Playa Blanca y Cerro Mavicure, así como las costas de los ríos Inírida, Guaviare y Atabapo.

Este trabajo de cruce de lenguajes no solo documenta los sonidos del entorno, sino que también invita a la escucha del paisaje sonoro como un organismo en constante cambio. El artista y ecologista Bernad Krause enfatiza la importancia de escuchar el «bioceno», donde los sonidos nos revelan la salud de los ecosistemas y la interacción entre las especies.

El gesto de mapear el paisaje sonoro como una forma de ubicar, preservar y comunicar la riqueza acústica de la Orinocoamazonía supera las representaciones visuales tradicionales, invitándonos a considerar el impacto de la actividad humana en el entorno sonoro a partir de una escucha consciente.

En línea con las ideas de la artista y activista Hildegard Westerkamp, la obra resuena bajo el principio de que el sonido tiene el potencial de generar conciencia crítica y emocional. Westerkamp argumenta que este tipo de propuestas basadas en grabaciones de campo puede actuar como una forma de activismo, promoviendo una mayor empatía y comprensión hacia los ecosistemas afectados por la intervención humana, en este caso, por la deforestación por monocultivos y ganadería, y por la actividad minera. El mapa sonoro «Abejas Tapioca 2021» se convierte así en una herramienta de visibilidad y reflexión, estimulando la toma de conciencia sobre la interconexión entre los humanos, el entorno y sus interacciones.

El acto de mapear se configura como gesto político que busca reconfigurar nuestra relación con el paisaje sonoro, enfatizando la responsabilidad compartida en la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de los ecosistemas.

 

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